Foto: xcaballe.
Quiérase o no, hasta al editor más discreto piensa en la posteridad, en lo que dirán de él según los libros que publicó. Y aunque no exista un salón de la fama en el que se reconozca la trayectoria de los editores, allí está el catálogo como prueba de su visión de la edición y, por extensión, de la cultura de su tiempo.
Así como la obligación de lograr la rentabilidad (anatema para algunos) compromete a desarrollar la labor editorial con racionalidad, el recuerdo que los otros (autores y lectores) puedan llegar a tener de él invita al editor a pensar un poco más antes de publicar un libro. El catálogo, entonces, puede llegar a ser una suerte de obituario prematuro en la medida que permite conocer los gustos y disgustos, los compromisos, las apuestas y, por deducción, la personalidad del editor.
Por lo tanto, si se es editor y no se tiene una visión clara de lo que se quiere llegar a ser en la profesión, bien vale la pena pensar en lo que podría decir nuestro obituario. También ayuda imaginar lo que podrían llegar a decir los autores después de uno fallecer. De un insigne editor como Carlos Barral, muerto en 1989, el novelista Juan Marsé dijo a propósito de su fallecimiento: "Fue el único que confió en un muchacho que le llevaba un original para publicar por primera vez. Fue mi editor más importante y mi mejor amigo"; "Fue un grandísimo editor, el primero y más importante de la posguerra, juntamente con Janés". Eduardo Mendoza agregó que "Ha sido un hombre importantísimo, sobre todo como editor. Ahora estamos descubriendo a autores que él ya había editado en los años cincuenta”.
Y, como sobre un editor no solo hablan los autores, el editor Javier Pradera afirmó: “logró introducir también un nuevo gusto tipográfico, un espíritu de riesgo en sus apuestas y una firme decisión de no subordinar a las cuentas de resultados empresariales su política de contratación”.
Si un editor logra que se diga de él, gracias a su catálogo, que se arriesgó, que sus decisiones no estuvieron influidas por lo económico y que, además, publico buenos libros, este editor, sin duda, habrá escrito el mejor obituario.












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